AMOR SEXO NEXO

de “El Sentir común” © por Rai Caor

saludo-maori

AMOR  

” Enamorarse es amar las  coincidencias .                                                                             Amar es enamorarse de las diferencias.”      Jorge Bucay

                                                                                                                                         

” Finalmente, el amor que recibes es igual al amor que das. ”      The Beatles                                                                      

 

Amor es una palabra con una gran carga de ambigüedad y proporciones. Puede interpretarse como: atracción, correspondencia, reciprocidad, deseo de pertenencia, entrega incondicional, olvido de uno mismo, sublimación, libertad, felicidad, benevolencia, compasión, fusión, espiritualidad, unidad y también en su anverso: posesividad, dependencia y sumisión. La asociación más común a la que se refiere la noción de Amor es el afecto y la protección de aquello que es amado.

El entrañable psicólogo barcelonés Antoni Blai lo definió como:  

“El amor es un deseo de bien ilimitado para mi y para todo el mundo”

Veamos algunos aspectos y  matices del sentimiento amoroso:

ATRACTIVAS POLARIDADES

El instinto sexual,-eros en movimiento-, juega en todos los aspectos de la vida como una danza de polaridades en busca de reciprocidades y complementos. El magnetismo de cada polaridad genera y atrae encuentros, y hace que alguien aparentemente extraño sea súbitamente alguien íntimamente próximo. Este inexorable flujo de energía se precipita espontáneamente según la naturaleza interna de los elementos implicados; se trata de la ley básica de la atracción, y de una “química” que la mayoría de veces no es previsible, ni pasa por la razón.

El enamoramiento

En la maravillosa fase de atracción, descubrimos el flamante espacio que nos brinda la otra persona y en el que fácilmente se proyectan todas nuestras expectativas de ser completados por alguien. A menudo se piensa que el otro/a va a aportar elementos de salvación,  va a calmar nuestra soledad, a sacarnos de la angustia, o quizás optimice nuestra posición en la vida.  También sucede a veces  que intentamos modelar al otro/otra a nuestra imagen y semejanza, convirtiéndolo en un receptáculo de las propias expectativas. Durante el encanto del enamoramiento el fuego del deseo prende con facilidad, sin embargo en las relaciones duraderas y los matrimonios convencionales, el deseo y la fascinación se debilitan a causa de la rutina y la cotidianidad, a menos que los consortes, basándose en su confianza y creatividad, sepan encontrar el adecuado juego de espacios, tiempos y variaciones para mantenerse anímica y sexualmente activos. y sepan avivar oportunamente esta llama sagrada en actos de gozo y celebración.

 Amarse

A menudo estamos condicionados/as por marcas de remotas faltas de atención, de estima y de afecto que nos hicieron sentir inadecuados y devaluados en el pasado. También estamos coartados por modas y estereotipos artificiales que influyen en que muchas personas no se agraden al compararse con modelos de belleza o de éxito.  Cuado nos liberamos de estas limitaciones, podremos aceptar nuestra identidad con sus virtudes y defectos, reconocer las oportunidades de nuestro proceso evolutivo, y potenciar nuestras verdaderas cualidades, amando sin proyectar en otros/as todas nuestras carencias y expectativas

Relaciones en 4ª y 5ªdimensión

 Los caminos del amor son inescrutables; a menudo el enamoramiento más pasional caduca con la más rotunda decepción, y otras veces relaciones iniciadas a través de una progresiva amistad, consolidan una policroma y duradera aventura. En cualquier caso la finalidad de todo encuentro consciente  es el trayecto que nos llevará por muy diversas situaciones y recovecos, reconociéndonos en el dinámico juego de nuestras pulsiones vitales.

Conviene matizar algunas formas de amor, tanto el amor abnegado o “incondicional”, cuya interpretación es amar sin esperar retorno, como el amor libre que pretende seguir la atracción de su instinto primal sin ninguna clase de límites.

El punto de partida común para cualquier sentimiento que aspire a madurar es conocerse a uno mismo ya que cuando uno/a no conoce ni se acepta lo suficiente, tiende a proyectar demasiadas expectativas hacia otras personas, provocando relaciones de codependencia emocional, y las relaciones así establecidas generan  acciones, sacrificios y proyectos estériles.  Cuando la comunicación se vuelve demasiado tortuosa, se asumen roles no deseados, se relegan deseos legítimos, y se llega al punto en que a relación no hay suficiente diálogo ni reciprocidad algo debe ser replanteado o  bien completado, y aunque no se trata de abandonar al primer contratiempo, tampoco hay que empeñarse en mantener situaciones insostenibles. Tenemos el legítimo derecho  a elegir como, cuando y con quién queremos compartir. Es pues justo y necesario desarrollarse con lo que uno genuinamente sienta y desee, disfrutando y cultivando relaciones claras con personas afines.

 

love&sex

SEXO Y NEXO

 

” Solo la verdad es sexy ”              Mala Rodríguez, cantante raper     

                                

¡Con lo mucho que se ha hablado y cantado sobre el amor y lo poco que aun se conoce!… Generalmente se cree que sexualidad es “hacer el amor” cuando la sexualidad es solo un aspecto físico e instintivo que tiene el potencial de convertirse en amor, pero de hecho solo es energía. Según el Tantra, lo que denominamos amor, es un conjunto de interacciones energéticas que circulan por todos los plexos de nuestro cuerpo activando grandes cantidades de partículas, que como cargas energéticas no solo transforman a sus protagonistas sino también afectan al entorno ambiental.

Curiosa paradoja la que sitúa los órganos del placer y de la reproducción en las mismas zonas fecales de nuestro organismo, tal como alguien bromeaba exclamando al universo: “¡Vaya ingeniero mas listo que ha colocado la depuradora al lado del parque de atracciones!”… Bromas aparte, es evidente la ignorancia generalizada sobre las funciones sexuales. El deseo de unirse sexualmente con otra u otras personas responde básicamente a la necesidad de completarse y unificarse consigo mismo, de superar el sentimiento de separación individual, de experimentar intimidad, y en cierto modo regresar a la fuente original de la creación con la sensación de unicidad que experimentamos en el vientre de nuestra madre. La forma socialmente más aceptada, es la que relaciona la sexualidad con el amor, aunque la forma más común  la sexualidad “lúdica” que sin duda también cumple sus funciones,  sin embargo la unión sexual realizada meramente por placer, aunque que satisfaga temporalmente nuestras necesidades, también puede producir cortocircuitos energéticos en el sistema nervioso, a menos que se  incorporé una habilidad  alquímica  que para regular la energía sexuales y así  gozar  y templar la mutua vitalidad de los amantes, nutriendo a su vez sus más genuinos talentos e ideales.

Las brillantes palabras del polifacético escritor y educador George Leonard enfatizan que la energía sexual está directamente relacionada con la creatividad y la salud psicológica y social:

El Eros es la fuerza fundamental del Universo que se manifiesta en el instinto de una especie para reproducirse y multiplicarse, y en la tendencia evolutiva de todo el mundo viviente, hacia unas formas más elevadas y cada vez más bien organizadas. Lo que denominamos “instinto sexual” es una expresión de esta fuerza, como también lo es el amor que trasciende el deseo. El Eros también se expresa en el deseo de hacer amistades y de unirse a otros en equipos o comunidades para llevar a cabo iniciativas conjuntas. La fuerza de la libido no se limita a la creación biológica y cultural, sino que se expande a todos los impulsos de construir y crear, tanto si se trata de crear el nido de un pájaro, una receta de cocina o una sinfonía.”

Todo movimiento del mundo tangible sucede de acuerdo a un juego de polaridades y a una infinitesimal ley de correspondencias presente en todos los fenómenos biológicos de la naturaleza y en todas las pulsiones de oferta y demanda, de entrega y admisión de las relaciones humanas. La sexualidad contemplada como cópula genital, es la forma biológica en que dos seres se acoplan para compartir un intercambio energético, pero se trata de una transubstanciación que contiene muchos niveles de información que quedan registrados en el código anímico personal y que determinan la trayectoria vital y el destino de las personas. Instintivamente la sexualidad responde al aleatorio juego de la selección genética y la reproducción de la especie, y aunque culturalmente el gratificante juego sexual sigue glorificando los contactos genitales y la explosión orgásmica,  es posible ir más allá este aspecto más primario, y acceder a estados extáticos mucho más placenteros e intensos. Antiguas técnicas orientales como son el Tantra, el Tao, o el Kamasutra, sitúan la sexualidad en el honorable espacio de las artes amatorias, tratando el placer como materia prima del éxtasis, y este, como vehiculo de expansión de la conciencia. En este sentido, diríamos que la sexualidad es la semilla, el amor es la flor, y la compasión es la fragancia de la unión trascendente.

Dentro del juego de polaridades representado en cualquier tipo de relación afectivo-sexual, también cabe situar la bisexualidad como el puntual deseo romántico o sexual entre personas de ambos sexos. Cuando la infancia o la adolescencia no están muy condicionadas o reprimidas, es muy normal que niños y jóvenes exploren y descubran su naturaleza sexual entre ellos, siendo frecuentes y espontáneos los contactos homosexuales, sin que ello signifique perversión ni determine una preferencia sexual. La bisexualidad, como disposición abierta entre la homosexualidad y la heterosexualidad se ha observado en gran variedad de formas en casi todas las sociedades humanas, y también puede considerarse como un posicionamiento o una práctica puntual o transitoria, en los procesos de búsqueda de la identidad primordial.

En el campo de la sexología existen especialistas que abordan el tema de las adicciones sexuales y otros comportamientos compulsivos. También hay quienes, prescriben la terapia de restauración de la identidad sexual ciñéndose al modelo heterosexual y monógamo,  considerando las variantes como un síndrome patológico que se debe tratar…  En cualquier expresión de la sexualidad  la capacidad de tomar conciencia sobre el propio comportamiento y la sensación interna,  serán la clave de la  armonía y la autorrealización personal, independientemente de que rol, que forma estable o eventual se adopte. En cualquier caso compartir el deseo sexual es saborear un fruto que ofrece su belleza y sus múltiples matices como un regalo para el cuerpo y para el alma. Su función es fundirnos en el placer y a través de el, regenerar e impulsar la esencia de nuestro ser y dinamizar nuestras más genuinas aspiraciones.

Lo que ustedes denominan energía sexual o expresión sexual, es la misma materia con que la existencia es creada y sustentada. Cuando una pareja se ama y experimenta la entrega total durante un contacto sexual elevado, se funden en una sola conciencia que contiene partes iguales de masculino y femenino. Esta es la función sagrada de la sexualidad, la que tiene como intención y finalidad producir éxtasis y experiencia de unicidad                 

 Amorah Quan Yin, mística y metafísica

 

EL AMOR

El amor es realidad
si es real, es amor
el amor es sentir
sentir amor,
el amor es esperar
ser amado.

El amor es tocar,
tocar es amar,
el amor es alcanzar
alcanzar el amor,
el amor es pedir
ser amado.

El amor es pedir
ser amado,
el amor eres tú,
tú y yo,
el amor es saber
que podemos ser amados.

El amor es libre,
la libertad es amor
el amor es vivir,
vivir el amor,
es amor es necesitar
ser amado.

John+Lennon

4 comments

  1. El amor no tiene nada que ver con la otra persona. Una persona amorosa simplemente ama. El amor es natural, no pide perfección. La gente que exige perfección es gente incapaz de amar, gente neurótica. Aún así pueden encontrar a un amigo o a un amante, pero exigen perfección y el amor es destruido por culpa de esa exigencia. Nunca exijas perfección. No tienes derecho a exigir nada de nadie. Si alguien te ama, agradécelo, pero no exijas nada, porque él o ella no tiene la obligación de amarte. Si alguien ama, es un milagro, así que enternécete por el milagro. Cuando ames a alguien no empieces a exigir, sino desde el principio mismo estás cerrando las puertas. No tengas ninguna expectativa. Todo el mundo está interesado en recibir amor y nadie parece disfrutar dándolo. Y si alguna vez dan, sólo dan para recibir, y lo hacen como un negocio. Vivir con una mujer que no amas, vivir con un hombre al que no amas, convivir por seguridad, por conveniencia, por apoyo económico, vivir por cualquier razón excepto por amor, es simplemente prostitución. El amor no es un negocio, así que deja de tratarlo como tal, sino desperdiciarás tu vida, el amor y todo lo que hay de hermoso en ello, porque todo lo bello no es en absoluto negociable. La existencia no sabe acerca de negocios. Un pájaro viene, se posa en tu ventana, te canta una canción y no te pasa una factura o te pide un certificado. Ha cantado su canción y luego, muy contento, se va volando. Así es como el amor crece. Da y no esperes nada para que veas cuanto puedes conseguir. No esperes perfección, no pidas y no exijas nada. Ama sin ninguna condición y sabrás qué es el amor. Osho

    1. AQUI Y AHORA !
      Detente.
      Independientemente de cuál sea la circunstancia de tu vida, detente.
      Sólo por un momento.

      Reconoce amorosamente qué es lo que hay aquí.
      Abandona tus conclusiones acerca de la vida, tus sueños acerca del pasado y del futuro,
      y comienza por notar las sensaciones, los sentimientos, los pensamientos que están presentes justo aquí y ahora.
      Date cuenta de lo que está vivo en este momento.
      Deja que tu experiencia presente – imágenes, sonidos y olores – se conviertan en algo completamente fascinante, la más curiosa danza de todo el universo.
      Estás viendo, saboreando, tocando, escuchando al mundo como si lo hicieras por vez primera.
      Este es tu Jardín del Edén, tu desordenado, intenso, alegre y desgarrador Jardín del Edén, y estás despierto a él, finalmente.

      Deja de intentar tener todo resuelto. Ríndete. Entrégate.
      Ofrece todo al abrazo de este momento.
      Déjate caer en el no saber…

      Jeff Foster

  2. El Amor Romántico como utopía emocional de la posmodernidad

    Por Coral Herrera Gómez

    El amor en la posmodernidad es una utopía colectiva que se expresa en y sobre los cuerpos y los sentimientos de las personas, y que, lejos de ser un instrumento de liberación colectiva, sirve como anestesiante social.

    El amor hoy es un producto cultural de consumo que calma la sed de emociones y entretiene a las audiencias. Alrededor del amor ha surgido toda una industria y un estilo de vida que fomenta lo que H.D. Lawrence llamó “egoísmo a dúo”, una forma de relación basada en la dependencia, la búsqueda de seguridad, necesidad del otro, la renuncia a la interdependencia personal, la ausencia de libertad, celos, rutina, adscripción irreflexiva a las convenciones sociales, el enclaustramiento mutuo…

    Este enclaustramiento de parejas propicia el conformismo, el viraje ideológico a posiciones más conservadoras, la despolitización y el vaciamiento del espacio social, con notables consecuencias para las democracias occidentales y para la vida de las personas. Las redes de cooperación y ayuda entre los grupos se han debilitado o han desaparecido como consecuencia del individualismo y ha aumentado el número de hogares monoparentales. La gente dispone de poco tiempo de ocio para crear redes sociales en la calle, y el anonimato es el modus vivendi de la ciudad: un caldo de cultivo, pues, ideal para las uniones de dos en dos (a ser posible monogámicas y heterosexuales).

    De este modo, nos atrevemos a afirmar que los modelos de relación erótica y amorosa de la cultura de masas están basadas en la ideología del “sálvese quién pueda”. Mucha gente se queja de que los amores posmodernos son superficiales, rápidos e intensos, como la vida en las grandes urbes. Es cada vez más común el enamoramiento fugaz, y pareciera que las personas, más que lograr la fusión, lo que hacen es “chocar” entre sí.

    Creo, coincidiendo con Erich Fromm, que a pesar de que el anhelo de enamorarse es muy común, en realidad el amor es un fenómeno relativamente poco frecuente en nuestras sociedades actuales: “La gente capaz de amar, en el sistema actual, constituye por fuerza la excepción; el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad actual”. Y lo es porque el amor requiere grandes dosis de apertura de uno mismo, de entrega, generosidad, sinceridad, comunicación, honestidad, capacidad de altruismo, que chocan con la realidad de las relaciones entre los hombres y las mujeres posmodernas.

    Por eso creo que el amor, más que una realidad, es una utopía emocional de un mundo hambriento de emociones fuertes e intensas. En la posmodernidad existe un deseo de permanecer entretenido continuamente; probablemente la vida tediosa y mecanizada exacerba estas necesidades evasivas y escapistas. Esta utopía emocional individualizada surge además en lo que Lasch denomina la era del narcisismo; en ella las relaciones se basan en el egoísmo y el egocentrismo del individuo.

    Las relaciones superficiales que establecen a menudo las personas se basan en una idealización del otro que luego se diluye como un espejismo. En realidad, las personas a menudo no aman a la otra persona por como es, en toda su complejidad, con sus defectos y virtudes, sino más bien por cómo querría que fuese. El amor es así un fenómeno de idealización de la otra persona que conlleva una frustración; cuanto mayores son las expectativas, más grande es el desencanto.

    El amor romántico se adapta al individualismo porque no incluye a terceros, ni a grupos, se contempla siempre en uniones de dos personas que se bastan y se sobran para hacerse felices el uno al otro. Esto es bueno para que la democracia y el capitalismo se perpetúen, porque de algún modo se evitan movimientos sociales amorosos de carácter masivo que podrían desestabilizar el statu quo. Por esto en los medios de comunicación de masas, en la publicidad, en la ficción y en la información nunca se habla de un “nosotros” colectivo, sino de un “tú y yo para siempre”. El amor se canaliza hacia la individualidad porque, como bien sabe el poder, es una fuerza energética muy poderosa. Jesús y Gandhi expandieron la idea del amor como modo de relacionarse con la naturaleza, con las personas y las cosas, y tuvieron que sufrir las consecuencias de la represión que el poder ejerció sobre ellos.

    El amor constituye una realidad utópica porque choca con la realidad del día a día, normalmente monótona y rutinaria para la mayor parte de la Humanidad. Las industrias culturales actuales ofrecen una cantidad inmensa de realidades paralelas en forma de narraciones a un público hambriento de emociones que demanda intensidad, sueños, distracción y entretenimiento. Las idealizaciones amorosas, en forma de novela, obra de teatro, soap opera, reality show, concurso, canciones, etc. son un modo de evasión y una vía para trascender la realidad porque se sitúa como por encima de ella, o más bien porque actúa de trasfondo, distorsionando, enriqueciendo, transformando la realidad cotidiana.

    Necesitamos enamorarnos del mismo modo que necesitamos rezar, leer, bailar, navegar, ver una película o jugar durante horas: porque necesitamos trascender nuestro “aquí y ahora”, y este proceso en ocasiones es adictivo. Fusionar nuestra realidad con la realidad de otra persona es un proceso fascinante o, en términos narrativos, maravilloso, porque se unen dos biografías que hasta entonces habían vivido separadas, y se desea que esa unión sitúe a los enamorados en una realidad idealizada, situada más allá de la realidad propiamente dicha, y alejada de la contingencia. Por eso el amor es para los enamorados como una isla o una burbuja, un refugio o un lugar exótico, una droga, una fiesta, una película o un paraíso: siempre se narran las historias amorosas como situadas en lugares excepcionales, en contextos especiales, como suspendidas en el espacio y el tiempo. El amor en este sentido se vive como algo extraordinario, un suceso excepcional que cambia mágicamente la relación de las personas con su entorno y consigo mismas.

    Sin embargo, este choque entre el amor ideal y la realidad pura se vive, a menudo, como una tragedia. Las expectativas y la idealización de una persona o del sentimiento amoroso son fuente de un sufrimiento excepcional para el ser humano, porque la realidad frente a la mitificación genera frustración y dolor. Y, como admite Freud (1970), “jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos; jamás somos tan desamparadamente infelices como cuando hemos perdido el objeto amado o su amor”.

    Quizás la característica más importante de esta utopía emocional reside en que atenúa la angustia existencial, porque en la posmodernidad la libertad da miedo, el sentido se ha derrumbado, las verdades se fragmentan, y todo se relativiza. Mientras decaen los grandes sistemas religiosos y los bloques ideológicos como el anarquismo y el comunismo, el amor, en cambio, se ha erigido en una solución total al problema de la existencia, el vacío y la falta de sentido.

    Otro rasgo del amor romántico en la actualidad es que en él confluyen las dos grandes contradicciones de los urbanitas posmodernos: queremos ser libres y autónomos, pero precisamos del cariño, el afecto y la ayuda de los demás. El ser humano necesita relacionarse sexual y afectivamente con sus semejantes, pero también anhela la libertad, así que la contradicción es continua, y responde a lo que he denominado la insatisfacción permanente, un estado de inconformismo continuo por el que no valoramos lo que tenemos, y deseamos siempre lo que no tenemos, de manera que nunca estamos satisfechos. A los seres humanos nos cuesta hacernos a la idea de que no se puede tener todo a la vez, pero lo queremos todo y ya: seguridad y emoción, estabilidad y drama, euforia y rutina.

    La insatisfacción permanente es un proceso que nos hace vivir la vida en el futuro, y no nos permite disfrutar del presente; en él se aúna esa contradicción entre idealización y desencanto que se da en el amor posmoderno, porque la nota común es desear a la amada o el amado inaccesible, y no poder corresponder a los que nos aman. La clave está en el deseo, que muere con su realización y se mantiene vivo con la imposibilidad.

    Si la primera contradicción amorosa posmoderna reside fundamentalmente en el deseo de libertad y de exclusividad, la segunda reside en la ansiada igualdad entre mujeres y hombres. Por un lado, la revolución feminista de los 70 logró importantes avances en el ámbito político, económico y social; por otro, podemos afirmar que el patriarcado aún goza de buena salud en su dimensión simbólica y emocional.

    En algunos países las leyes han logrado llevar las reivindicaciones de los feminismos a la realidad social, pese a que la crisis económica nos aleja aún más de la paridad y la igualdad de mujeres y hombres en el seno de las democracias occidentales. Además de esta ansiada igualdad legal, política y económica, tenemos que empezar a trabajar también el mundo de las emociones y los sentimientos. El patriarcado se arraiga aún con fuerza en nuestra cultura, porque los cuentos que nos cuentan son los de siempre, con ligeras variaciones. Las representaciones simbólicas siguen impregnadas de estereotipos que no liberan a las personas, sino que las constriñen; los modelos que nos ofrecen siguen siendo desiguales, diferentes y complementarios, y nos seguimos tragando el mito de la media naranja y el de la eternidad del amor romántico, que se ha convertido en una utopía emocional colectiva impregnada de mitos patriarcales.

    Algunos de ellos siguen presentes en nuestras estructuras emocionales, configuran nuestras metas y anhelos, seguimos idealizando y decepcionándonos, y mientras los relatos siguen reproduciendo el mito de la princesa en su castillo (la mujer buena, la madre, la santa,) y el mito del príncipe azul (valiente a la vez que romántico, poderoso a la par que tierno). Muchos hombres han sufrido por no poder amar a mujeres poderosas; sencillamente porque no encajan en el mito de la princesa sumisa y porque esto conlleva un miedo profundo a ser traicionados, absorbidos, dominados o abandonados.Los mitos femeninos han sido dañinos para los hombres porque al dividir a las mujeres en dos grupos (las buenas y las malas), perpetúan la deigualdad y el miedo que los hombres sienten hacia las mujeres. Este miedo aumenta su necesidad de dominarlas; el imaginario colectivo está repleto de mujeres pecadoras y desobedientes (Eva, Lilith, Pandora), mujeres poderosas y temibles (Carmen, Salomé, Lulú), perversas o demoníacas (las harpías, las amazonas, las gorgonas, las parcas, las moiras).

    Paralelamente, multitud de mujeres han besado sapos con la esperanza de hallar al hombre perfecto: sano, joven, sexualmente potente, tierno, guapo, inteligente, sensible, viril, culto, y rico en recursos de todo tipo. El príncipe azul es un mito que ha aumentado la sujeción de la mujer al varón, al poner en otra persona las manos de su destino vital. Este héroe ha distorsionado la imagen masculina, engrandeciéndola, y creando innumerables frustraciones en las mujeres. El príncipe azul, cuando aparece, conlleva otro mito pernicioso: el amor verdadero junto al hombre ideal que las haga felices.

    Pese a estos sueños de armonía y felicidad eterna, las luchas de poder entre hombres y mujeres siguen siendo el principal escollo a la hora de relacionarse libre e igualitariamente en nuestras sociedades posmodernas; por ello es necesario seguir luchando por la igualdad, derribar estereotipos, destrozar los modelos tradicionales, subvertir los roles, inventarnos otros cuentos y aprender a querernos más allá de las etiquetas.

  3. EL SECRETO DEL DESEO EN UNA RELACIÓN A LARGO PLAZO

    En las relaciones de largo plazo, a menudo esperamos que nuestro amado sea a la vez nuestro mejor amigo y nuestro socio erótico. Pero como argumenta Esther Perel, el sexo bueno y comprometido se basa en dos necesidades conflictivas: nuestra necesidad de seguridad y nuestra necesidad de sorpresa. Entonces, ¿cómo sostener el deseo? Con ingenio y elocuencia, Perel nos deja en el misterio de la inteligencia erótica.

    En su práctica y escritos, Esther Perel ayuda a las parejas amorosas navegar entre la comodidad de las relaciones de pareja y la incertidumbre que emociona de la atracción sexual.

    Interesante video com una pequeña ponencia (con subtítulos)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s